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El espectáculo ha terminado. El ambiente todavía vibra, una emoción que no se puede olvidar. Algunos momentos no tendrían que terminar nunca. Y de este deseo de volver a verse de nuevo, de consolidar un vínculo, pasajero y sin embargo profundo, han nacido los workshop. Un día para “vivir” juntos, trayendo cada uno su propio instrumento, su voz, sus ganas de bailar y hacer teatro. El Gen Rosso está allí, sin escenario, sin luces, a disposición de todos. Se trabaja, se suda, se aprende, pero sobre todo se vive juntos una experiencia artística que asume los contornos de la vida. No hay especialistas y observadores, talento y mediocridad. El taller de trabajo funciona justo porque todos son iguales. Descubrir el arte los unos de los otros, ayudarse, aprender. A la noche el pequeño/grande espectáculo está listo, y según el propio turno, cada uno se convierte en actor y espectador: una prueba más de que los chicos de toda latitud están animados por los mismos intereses y los mismos valores, que cuando se tocan, vibran al unísono. Los workshop del Gen Rosso son la demostración tangible.
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